Elegir en época de reformas

Los alumnos que accedan este año a la Universidad deben elegir si quieren una carrera adaptada a Europa – Los demás títulos se irán cerrando tras ellos

J. A. AUNIÓN – Madrid – 15/06/2009

Los 150.000 alumnos que terminarán esta semana la Selectividad tendrán que elegir carrera en una universidad a medio reformar. La mitad de las carreras estarán adaptadas a Europa (los nuevos grados) y la otra mitad serán licenciaturas y diplomaturas que se irán extinguiendo año a año hasta 2015. Gonzalo Cabello, orientador escolar del Colegio Calasancio de Madrid, cree que ha habido algo de falta de información y, a veces, de desinformación, en torno al proceso de Bolonia (las carreras tendrán un esquema común en toda Europa), que se enfrenta al rechazo frontal de grupos de alumnos y profesores que dicen que el cambio hará perder calidad a la universidad pública.

Pero al final, dice Cabello, los alumnos eligen la carrera que quieren independientemente de que esté adaptada o no, y luego, dónde quieren estudiarla, añade José Antonio Martínez, presidente de Fedadi, la federación mayoritaria de directivos de institutos públicos, y director de un centro madrileño. Y si allí está adaptada, bien, y si no, también. En su instituto, en el barrio madrileño de Usera, han recomendado el uso de las web de las universidades para informarse, ya que con la reforma cada universidad diseñará sus propias titulaciones a partir de unos mínimos que marca el Gobierno.

Ya están aprobados 920 grados y, antes de que termine junio y empiece el proceso de matriculación, el Ministerio de Educación espera llegar a esa cifra de 1.000, dice el director general de Política Universitaria, Felipe Petriz, que también recomienda el recabar “el máximo de información de cada universidad”, ya que de ellas dependen muchos detalles. Petriz tampoco cree que el hecho de estar adaptadas o no sea el criterio principal que sigan los alumnos para elegir.

Pero, aunque nuevas y viejas carreras valdrán lo mismo a efectos académicos, hay algunas cuestiones que conviene a los alumnos tener en cuenta.

– Duración. Los grados son de cuatro cursos. Las diplomaturas, de tres y las licenciaturas e ingenierías, cinco. Los detractores de la reforma dicen que al ser un año menos, bajará la calidad, pero desde hace una década hay muchas licenciaturas de cuatro años. En cualquier caso, hay excepciones. Si bien ya no habrá carreras de tres cursos, Medicina seguirá constando de seis y para ejercer como ingeniero superior habrá que cursar igualmente cinco (un grado y un master).

– Plan de estudios. Se supone que con los nuevos grados se cambia, además del plan de estudios, la forma de enseñar, más centrada en el alumno, con más tutorías, trabajo en grupo, etcétera. En el fondo, el verdadero cambio dependerá del entusiasmo de cada universidad, cada departamento y cada profesor. En los grados, durante los dos primeros años, la mitad de las asignaturas son de formación básica, vinculadas la mayoría a la rama de estudio (humanidades, ciencias sociales, etc…), que se convalidarán si se decide cambiar a otra carrera del mismo área. Para los detractores de la reforma, esto implicará pérdida de especialización y, por ende, de calidad.

Se procurará facilitar practicas a todos los alumnos durante la carrera y todos tendrán que hacer un trabajo de fin de grado.

– Movilidad. Es uno de los objetivos de la reforma. Los alumnos sabrán antes de cursar un periodo en otra universidad europea, qué asignaturas de su titulación se le convalidarán a la vuelta de su estancia. Al tener una estructura común en toda Europa (grado, master y doctorado), se supone que será más fácil hacer el grado en una universidad, y el master y el doctorado en otra de cualquier país europeo.

– Cambios. El alumno que empiece un plan antiguo se podrá cambiar al grado, pero los detalles dependerán de cada universidad, por lo que conviene informarse antes. Las universidades deben fijar los mecanismos para hacerlo, es decir, para convalidar las asignaturas de un plan a otro. Por ejemplo, en la de Zaragoza ya ha establecido un cuadro de equivalencias.

– Asignaturas pendientes. ¿Qué pasa si un alumno comienza una licenciatura o una diplomatura y le queda una asignatura que al año siguiente ya no existe? Aunque ya no podrá ir a clase de esa materia, tendrá derecho a examinarse en los años siguientes. Por ejemplo, en la Universidad de Valladolid tendrán cuatro convocatorias de examen en los dos cursos académicos siguientes. La matrícula de estas asignaturas sin docencia habrá que pagarla. Por ejemplo, en Zaragoza costará el 25% de una asignatura. Si son muchas las materias pendientes, probablemente lo mejor será cambiarse al plan nuevo.

– Las nuevas carreras. El próximo curso habrá una oferta de unos 1.000 grados en las universidades públicas y privadas españolas. Hay universidades, como la Carlos III o la Pompeu Fabra, que ya estarán completamente adaptadas al nuevo esquema. Entre las carreras, tampoco hay grandes cambios, al menos de nombre, ni excentricidades. Sí las hay más especializadas, como el grado en Ingeniería del Software, en la Politécnica de Madrid, o grado en Cine y Televisión en la Ramón Llull, o las mezclas de carreras, como el grado en Estadística y Empresa de la Carlos III de Madrid.

El Ministerio de Educación ofrece una aplicación en su página web (www.educacion.es) toda la oferta del próximo curso.

– El master. Los diplomados y licenciados podrán hacer masters, aunque dependiendo del que se elija (si es de un área o especialidad distinta) se pueden pedir “complementos de formación”, es decir, que se estudie una especie de curso puente.

Extraido de: EL PAÍS

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